Los Orígenes

Pocos acontecimientos han impactado tanto en la Historia como la Revolución Francesa. Sus repercusiones modificaron la vida de millones de personas durante siglos y muchos de sus logros aún perduran. En 1789 la humanidad cambió de rumbo y el mundo que se había conocido hasta entonces se derrumbó para dar paso a uno nuevo.

La transición de la Edad Moderna a la Contemporánea no fue lineal, sufrió avances y retrocesos, pero los acontecimientos de finales del siglo XVIII en Francia, junto a la independencia de Estados Unidos, significaron un gran cambio de etapa a nivel mundial.

El impacto de la Revolución Francesa trascendió el país donde se originó. Tuvo un efecto casi inmediato en todas las sociedades europeas y con la llegada de Napoleón al poder en 1799 esa influencia se extendió rápidamente por toda Europa gracias a las conquistas de la Grande Armée.

Napoleón Bonaparte nació el 15 de agosto de 1769 en Ajaccio, la capital de Córcega. Sus padres lo mandaron a la Francia continental cuando solo era un niño para estudiar en una academia militar. Su carrera castrense fue meteórica y alcanzó altos grados de responsabilidad ya con la Revolución en marcha, llegando a general con tan solo 26 años. Su acceso al poder cambió el rumbo de la historia en Europa e hizo tambalearse a las viejas monarquías absolutistas que aún dominaban el continente y que miraban con desprecio al joven corso.

La vida de Napoleón traspasa la propia historia y se adentra en la leyenda. Sus logros militares fueron numerosos. También algunas de sus derrotas. El sitio de Tolón,  el  18 de Brumario, la expedición a Egipto, la proclamación del Imperio, la gran invasión rusa, el destierro a la isla de Elba, el retorno bajo aclamación, el desastre de Waterloo y el segundo destierro a la remota Isla de Santa Elena son solo algunos de los acontecimientos que protagonizó. 200 años después de su muerte, su figura sigue siendo una de las que más interés suscita en la Historia universal y una de las que más controversia genera.

El impacto en España

Si Francia encabezaba la Europa de los ilustrados y los liberales, España representaba la monarquía antigua, con el despotismo por bandera, a veces ilustrado y otras no dependiendo del Rey del momento. Después de unos años de desencuentros entre los dos Estados, a principios del XIX las relaciones se había restablecido con Napoleón ya como líder francés.

En 1805 las tropas navales de ambos países lucharon y perdieron juntas en las aguas de Trafalgar ante los ingleses de Nelson, y con el posterior triunfo de Napoleón en Austerlitz parecía que esa alianza iba a perdurar en el tiempo.

En España reinaba Carlos IV, que tenía bajo su dominio un vasto imperio, pero que era un Rey indolente y poco preocupado por asuntos de gobierno y mucho menos por el bienestar de su pueblo.

Pero el devenir de la historia dio un giro inesperado. Con el bloqueo a Inglaterra como pretexto, Francia comienza a introducir tropas en la península Ibérica de manera masiva. La conspiración del  entonces príncipe de Asturias, Fernando VII, para destronar a su padre y el malestar del pueblo frente a la presencia de las tropas francesas crean el caldo de cultivo para el levantamiento popular en aquel 1808.

Son las clases populares de Madrid y A Coruña las que demuestran más osadía e inician la revuelta contra el invasor. Esa rebeldía de los ciudadanos y la victoria española en Bailén, primera derrota napoleónica en campo abierto, hicieron pensar que el levantamiento sería consistente, pero España no tenía capacidad para plantar cara por sí sola al imperio francés.

El apoyo inglés era indispensable para garantizar cierta viabilidad a la resistencia hispana y la corona británica se prestó rápidamente a enviar tropas a la Península y combatir así a su archienemigo francés. Es en ese momento cuando entra en acción el general británico John Moore e inicia su campaña, exitosa en un primer momento pero que acabó en una larga retirada.

Aquellos primeros años de la Guerra de la Independencia fueron tremendamente convulsos, con numerosos vaivenes bélicos. Cansado de tanta inestabilidad, especialmente tras la derrota francesa en Bailén, Napoleón se puso al frente de su Grande Armée para aplacar la revuelta. Con el emperador al mando, el ejército francés encadena varias victorias y llega a Chamartín, donde la capital española capitula sin plantear batalla.

El ejército inglés, que se ha ido adentrando en Castilla y al que han hecho creer que las tropas locales estaban resistiendo en todo el territorio, se encuentra entonces en una situación complicada. Alejados de su zona de influencia y sin capacidad ni voluntad de hacer frente en solitario al ejército imperial, los británicos son presa fácil para los franceses.

Galicia

Es a finales de 1808 cuando Napoleón se entera de que los ingleses están en la Península y comienza una persecución que durará más de dos meses a lo largo de todo el noroeste peninsular. El general John Moore ordenó una apresurada retirada hacia A Coruña para allí embarcar hacia las islas Británicas. La marcha de los ingleses durante aquel crudo invierno castellano recuerda al famoso episodio de Dunkerque, que acontecería 132 años después en la II Guerra Mundial.

La retirada inglesa se convirtió en una de las mayores epopeyas de la Guerra de la Independencia. Un general intentando salvar su ejército con una larga retirada, arrasando con todo lo que encontraba a su paso y parándose para dar batalla en varias ocasiones.

Napoleón persiguió al ejército de Moore hasta Astorga (León), y ahí es informado de que la situación en el centro de Europa se está complicando, especialmente en Austria. El emperador abandona España y delega la persecución en el general  Jean-de-Dieu Soult.

En Galicia, Lugo y Concubelos marcan los hitos más relevantes, pero será a las puertas de A Coruña, en la villa de Elviña, donde se producirá la batalla más dura. La que marcará el final de la aventura.

Durante la lucha, el General Moore es herido mortalmente, pero aun así sus tropas logran mantener las posiciones. En una astuta maniobra, los ingleses encienden numerosas hogueras durante la noche para hacer creer a su enemigo que permanece presto para la batalla. Nada más lejos de la realidad. El ejército francés descubre ya por la mañana que la mayoría de los británicos han embarcado rumbo a las islas.

Así pues, pese a la retirada, el General Moore, cuyo cuerpo aún reposa en el jardín de San Carlos de A Coruña, consiguió salvar a gran parte de su ejército. Un ejército que sería clave para continuar la guerra contra la Francia napoleónica en años sucesivos.

Ya sin apenas tropas inglesas, A Coruña resistirá aún dos días más antes de capitular ante los franceses. El dominio napoleónico se mantendría durante años y no fue hasta principios de 1813 cuando la situación en la Península empiece a cambiar de signo. Los numerosos frentes abiertos comienzan a hacer mella en el ejército de Bonaparte, especialmente con la derrota en Rusia y la ofensiva inglesa del duque de Wellington.

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Consecuencias

Con el ejército francés ya expulsado de la Península y Napoleón exiliado en la Isla de Santa Elena desde 1815, los rescoldos de la Guerra de la Independencia se mantendrán durante años. Del conflicto salieron dos maneras de entender España que no pararon de guerrear prácticamente durante todo el siglo XIX.

La dicotomía entre fernandinos y josefinos se convirtió en una perenne lucha entre liberales y conservadores. Fueron los años de la Restauración, del pronunciamiento de Riego, de la invasión francesa de los Cien Mil Hijos de San Luis, esta vez para restaurar el absolutismo con Fernando VII.

A Coruña siguió creciendo como puerto atlántico, manteniendo una relación privilegiada con Inglaterra y Portugal y afianzando su vocación de encuentro de culturas. La ciudad se convirtió en una de las puertas al continente.

Para la historia y la leyenda quedan los ecos de aquella campaña donde Napoleón Bonaparte persiguió sin cuartel al ejército inglés y al general John Moore, que murió en nuestra ciudad y cuya tumba en los Jardines de San Carlos es recuerdo de una guerra que marcó el destino de Europa.

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